HÉCTOR OSVALDO ZUIN

Héctor Osvaldo Zuin nació el 24 de agosto de 1953 en Luzuriaga, Maipú. Era el más chico de cuatro hermanos, dos de la anterior esposa del padre. Según Mariú Carrera, amiga y compañera de elenco y de militancia, Osvaldo quería a mucho a su papá, que era repartidor de diarios, y valoraba que fuera tan laburador.

Mariú asegura que lo movía una constante búsqueda espiritual, que en un primer momento lo acercó al seminario. Era un joven activo y divertido, con mucha iniciativa y capacidad para dirigir. También leía y escribía obras de teatro y microrrelatos. Entre sus autores preferidos estaba García Lorca. Su amiga confiesa que con él aprendió todo lo que significa el concepto “compañero/a”.

Osvaldo pasó por distintos trabajos. Uno de ellos, como vendedor de una fábrica de perfumes. Era muy entrador y conseguía venderle a personas de todas las condiciones socioeconómicas.

Cuando Osvaldo tenía 19 y Mariú 22, se mudaron a Buenos Aires para continuar con la formación teatral. Trabajaron en la fábrica Alpargatas y vivieron mucho tiempo con lo mínimo, tanto que su único medio de trasporte era la caminata.

Se formaron en el Payró, teatro de izquierda y contestatario cercano al Partido Comunista, donde trabajaron para costearse las clases. Luego alquilaron un local para poner en marcha su proyecto de teatro comunitario. Mariú recuerda que la Masacre de Trelew causó un impacto grande en ellos y los impulsó a escribir un libro con la idea de filmar una película.

Con el tiempo, con un grupo del Payró empezaron a trabajar en una villa. Hacían funciones de teatro de denuncia con mínima escenografía, inspirados por el grupo Libre Teatro Libre de Córdoba. En Villa Itatí, cerca de Quilmes, un cura obrero y peronista los invitó a instalarse luego de una función. Inmediatamente después de regalar algunas de sus pertenencias, se mudaron a la villa.

La militancia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores –PRT- comenzó el día que Osvaldo volvió del centro con un volante de la organización. Se reunieron a charlar con una compañera y “les cerró el proyecto”. Osvaldo eligió el seudónimo de “Rucio” por el personaje de la “Cantata de Santa María de Iquique”, de Quilapayún. En Mendoza sería conocido como “Horacio”.

A fines de 1974 regresaron a Mendoza y fundaron el elenco La Pulga, con Raquel Herrera y Rubén Bravo, a quienes conocían del mundo del teatro provincial. El elenco se mudó a una casa que alquilaba Aldo Zuin, hermano muy querido por Osvaldo.

El grupo entero integró el PRT bajo la responsabilidad de Blanca Santamaría e impulsó la Regional Mendoza de la Asociación Argentina de Actores, con Rubén como secretario general. Osvaldo no era parte de la lista pero colaboraba, se consideraban trabajadores del arte. Progresivamente asumieron tareas distintas dentro de la organización y Osvaldo consiguió un puesto de operario en YPF junto con Marcelo Carrera, razón por la cual sólo se veían en reuniones políticas.

Cuando la represión en Mendoza se agudizó, el grupo, muy expuesto por sus roles en la Asociación, comenzó a ser cercado. Osvaldo logró escapar el día que secuestraron a Blanca Santamaría y pidió a Mariú que se contactara con su hermana. Su amiga lo vio por última vez en casa de Marcelo Carrera.

En los sucesivos operativos contra el PRT fueron secuestrados/as Raquel Herrera, Alberto y Juan Bernal, Blanca Santamaría, Rubén Bravo, Marcelo Carrera y su compañera, Adriana Bonoldi. Desarticulada la regional Mendoza, en enero de 1977 Osvaldo se trasladó a Córdoba, donde se reunió con Celeste Seydell y pidió contactarse con la organización.

Fue detenido en mayo de 1977 mientras volanteaba en una fábrica. En el operativo recibió un disparo en la pierna. Por el testimonio de una sobreviviente, Teresa Meschiatti, sabemos que Osvaldo estuvo en La Perla y que fue trasladado a Mendoza en avión.

Horacio Ferraris, sobreviviente del Centro Clandestino de Detención Las Lajas, dependiente de la Fuerza Aérea, declaró haber visto a un detenido con una pierna herida que venía de Córdoba. Es la última noticia que se tiene de él. Continúa desaparecido.

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MARÍA DEL CARMEN MARÍN ALMAZÁN

María del Carmen Marín nació el 10 de agosto de 1954. Era la mayor de tres hermanas.

Su padre trabajaba de manera independiente, su madre era modista. Vivían en la esquina de Belgrano y Emilio Civit, en la Ciudad de Mendoza, arriba de la heladería Soppelsa.

Maricarmen, como le decían en su familia, era inquieta y cuestionadora. Pasó por distintos colegios: Normal, Liceo de Señoritas, Colegio Schweitzer y “terminó, como nosotras, en el Martín Zapata pero por casualidad”, explicó Celina, quien recordó que tanto ella como Graciela Adriana, la otra hermana, eran “muy aplicadas”.

María del Carmen era muy hábil manualmente. Era artesana, hacía grabados en cuero (algunos de los cuales todavía conserva Celina) y se destacaba como dibujante. También era sociable: “Mi hermana era muy amiguera, se relacionaba siempre con mucha gente”.

Sensibilizada por la desigualdad, con un grupo del colegio se volcó al activismo social en los barrios.Su compromiso la involucraba en lo personal y se desprendía hasta de su ropa nueva. Celina recordó entre risas que, cuando era adolescente, lamentaba cada vestido que su madre hacía para su hermana mayor.

María del Carmen se incorporó a la Juventud Peronista en Mendoza. En 1975 fue a Buenos Aires a estudiar Bellas Artes. Su hermana cree que el motivo real de su partida era político.

La militancia de la joven mantenía preocupada y alerta a la madre. Celina veía a su mamá tan afligida que quería convencer a su hermana de que dejara su actividad política.

Supo que en Buenos Aires, se integró a Montoneros. “Ave” la llamaban sus compañeros y compañeras.Convivía en La Plata con su novio, que era empleado en una fábrica. Era “… buenísima y muy rebelde”, según su hermana, quien señala además que chocaba permanentemente con su madre por el carácter fuerte de ambas.

Baschetti ubica a María del Carmen entre la militancia de zona sur del gran Buenos Aires.

En julio del 77 volvió a Mendoza por las vacaciones de invierno. Cuando llegó estaba muy asustada, debía temer por lo que pudiera pasarle a ella y a toda la familia.

El 27 de julio, su compañero de regional, Juan Ramón Fernández la buscó en su casa y, ante la respuesta de su madre diciendo que no estaba, decidió intentar más tarde.Se encontraron en esa vivienda a la noche y tuvieron una larga charla, también con el padre de María del Carmen. Fernández y ella salieron a tomar un café y nunca regresaron. Esa noche, antes de partir, le dijo a su hermana Celina “no te duermas, quiero hablar con vos cuando vuelva”.

El 28 de julio de 1977, en horas de la madrugada, fue secuestrada a los 22 años de edad.

Fue llevada al Centro Clandestino de Detención Las Lajas. Según el testimonio de Ferraris, sobreviviente de ese CCD, María del Carmen se suicidó ese mismo día tomando una pastilla de cianuro.Según el testimonio de Ferraris los captores,  impotentes, patearon el cadáver de la joven y la insultaron ya estando muerta. Fue en esa circunstancia que fueron a buscar a su  padre pensando que éste podría aportar datos de la vida y militancia de su hija.

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CARLOS ARMANDO MARÍN

Carlos Armando nació el 20 de junio de 1927. Tenía dos hermanas y tres hermanos. Trabajaba de manera independiente como comerciante. Se casó con María del Carmen Almazán y tuvieron tres hijas: María del Carmen, María Celina y Graciela Adriana.

Carlos vivió en Estados Unidos y en Puerto Rico por motivos laborales. Quería que toda la familia se fuera a vivir con él, pero nunca consiguió residir legalmente allá.

Su hija Celina recuerda que tenía con sus ellas una relación estrecha y, a pesar de estar separado de su esposa, “pasaba todos los días por casa”. Visitó en algunas oportunidades a su hija más grande en Buenos Aires. Cada día a media mañana iba a buscar a Celina y ella le pedía que no peleara con la madre.

Un tipo tan afectuoso como ingenuo, de sentimientos inocentes. Era un hombre de familia, muy formal y de pocos amigos. Su personalidad era reservada, melancólica y muy introvertida. Siempre trabajó mucho y deseaba que cada una de sus hijas tuviese educación universitaria. Para la época de su secuestro, vivía con una de sus hermanas.

Carlos nunca militó, pero a la casa llegaron algunas cartas escritas en código para su hija María del Carmen. Con la intención de protegerla no se las dio. No confrontaba con ella para que dejara de lado la militancia, pero siempre intentaba “por las buenas” que volviera a Mendoza.
No midió el riesgo concreto. Sobre su hija y el grupo de militancia hablaba con sencillez: “No están en peligro. Yo los conozco, son unos muchachitos”.

“Se lo llevaron porque pensaron que les podía decir algo sobre mi hermana y sus compañeros”, dijo Celina.

Carlos Armando Marín tenía 50 años cuando fue secuestrado, el 28 de julio de 1977, horas después de que su hija se suicidara tomando una pastilla de cianuro en el Centro Clandestino de Detención conocido como Campo Las Lajas.

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